La flor de mi esperanza


Aquello que me sugieres
¿debería serme útil?
De lo útil o lo práctico,
poco sabes.
Suscitar es algo que no controlas.
No pretendas tener parte.
De un tiempo a esta parte
has querido susurrarme.
Pretendiendo y sugiriendo.
Me pareces petulante.
No me creas tanto aguante.
Porque tengas proximidades.
No te olvides,
no eres nadie.
Que mi vida la controlo,
la manejo a mi antojo.
No puedes arogarte
posición que no te he dado.
Y no le pienso dar a nadie.
La vida nos trae y nos lleva y aquellas personas que creemos que siempre estarán allí un día nos sorprenden con su ausencia.
Hace tiempo que no nos vemos y hoy la recuerdo. Si al volver de la esquina del tiempo me la encuentro sabré que es ella, mi amiga. Nuestros momentos no coinciden y no por ello dejaré de sentir en mi pecho el goce de saberla.
Mi amiga lo es porque no es como yo. Como yo, ya me tengo, no necesito rodearme de semblanzas. Ella me devuelve otra yo que desconozco y me hace ser mejor, me crezco con ella y sin ella porque la tengo dentro desde que llegó a mi vida. Era más joven que yo y muy distinta. Me dijo con sus palabras cosas de mi misma que nadie dirá ni diría. Si la necesito se que cuento con ella. Cuando la conocí revoloteé a su alrededor para conseguir que posara en mí su mirada. Suerte que seguí el corazón y no la razón, porque hoy mi razón me dice que es una de las mejores personas que me ha regalado la vida conocer. Descubrí mundos y maneras nuevas, gracias a ella me siento enriquecida. La quiero y aunque haga meses que no estoy a su lado, se que si cojo el teléfono hablaré con ella como si ayer nos hubieramos dicho un ‘hasta mañana’.
